Fagofobia: cuando tienes miedo a tragar

La fagofobia puede convertir algo cotidiano, como comer, en un desafío. Pero el miedo se puede sanar cuando el cuerpo vuelve a sentirse a salvo.

Comer es uno de los actos más naturales y cotidianos que realizamos. No solemos pensar demasiado en ello: masticar, tragar, disfrutar del sabor, compartir una comida con alguien… Es algo que damos por hecho, una parte más del día a día. Sin embargo, para algunas personas, ese momento que debería ser placentero, se convierte en una fuente de ansiedad, tensión y miedo intenso.

¿Qué es la fagofobia?

Es la fobia o miedo irracional a tragar o atragantarse. Las personas que la padecen experimentan una fuerte sensación de peligro al momento de comer, beber o incluso tragar saliva.

Este miedo activa el sistema de alarma del cuerpo: los músculos de la garganta se tensan, la respiración se altera y tragar se vuelve difícil o imposible. Como consecuencia, la persona empieza a evitar ciertos alimentos, comer en público o incluso sentarse a la mesa, por temor a que el miedo vuelva a aparecer.

La fagofobia puede surgir de forma repentina, generalmente tras una experiencia traumática (un atragantamiento, sensación de ahogo o incluso ver a alguien atragantarse), pero también puede desarrollarse de manera gradual, asociándose con momentos de ansiedad o estrés intenso.

Síntomas frecuentes de la fagofobia

Las personas que viven con fagofobia pueden experimentar una combinación de síntomas físicos, emocionales y conductuales. Algunos son:

Con el tiempo, esta evitación puede generar un círculo de ansiedad creciente: cuanto más se evita tragar, más se refuerza la sensación de peligro y mayor se vuelve el miedo.

El primer paso: entender que es algo psicológico

Uno de los mayores retos al inicio del proceso terapéutico es reconocer que la fagofobia no tiene una causa física, sino psicológica. Muchas personas llegan a consulta después de haberse hecho múltiples pruebas médicas y visitar a muchos especialistas, comprobando que todo está bien… pero la sensación de bloqueo o ahogo sigue ahí.

Cabe diferenciar la fagofobia de la disfagia, donde sí existe una causa física que dificulte la deglución. La disfagia puede deberse a alteraciones musculares, neurológicas o estructurales en la garganta o el esófago y requiere valoración médica. En cambio, en la fagofobia no hay una causa médica que impida tragar. El cuerpo está sano pero actúa como si algo estuviera bloqueando el paso de la comida.

La realidad es que no se lo están inventando. El malestar es real, aunque su origen no sea físico.  Comprender esto suele ser el primer paso para avanzar en terapia: dejar de buscar una causa médica (previamente descartada) y empezar a trabajar desde el cuerpo, la mente y la emoción.

Superar la fagofobia es posible

Superar la fagofobia no consiste en obligarse a comer, sino en reaprender a sentirse seguro mientras se come. En terapia se aborda una exposición gradual a los alimentos acompañado de trabajo corporal y técnicas de relajación para reducir la tensión y minimizar la respuesta de alarma. Y en caso de que exista un evento traumático previo, se trabaja en procesar esa experiencia de manera segura, ayudando al cuerpo a integrarla y reconocer que el peligro ya pasó.

Solo cuando el cuerpo vuelve a sentirse a salvo, el acto de tragar deja de ser una amenaza y se convierte nuevamente en un gesto natural y tranquilo.

Si llevas tiempo sintiendo miedo o ansiedad al tragar, reserva tu sesión y empezamos a trabajar juntos para recuperar tu bienestar. 

Escrito por Patricia Jurado

Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.

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