Ozempic y el impacto psicológico: más allá del cuerpo

Perder peso no garantiza sentirse mejor. Reflexionamos sobre qué pasa cuando el cambio corporal no se acompaña de escucha emocional, hábitos sostenibles y reconciliación con la propia historia.

Cada día está más presente Ozempic en consultas y conversaciones cotidianas o incluso redes. Esto refleja algo más que un cambio médico, muestra cómo entendemos hoy el cuerpo, el control y el malestar. Desde la psicología, merece una mirada más amplia.

La nueva "solución" a las dietas

Ozempic no nació como un tratamiento para adelgazar. Fue desarrollado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, con un objetivo claro: mejorar el control glucémico y reducir riesgos asociados a la enfermedad. Durante los ensayos clínicos apareció un efecto secundario relevante: la pérdida de peso. Y ahí empezó todo.

En un contexto social donde predomina la gordofobia y la presión estética, pronto este tratamiento médico pasó a presentarse también como una herramienta eficaz para adelgazar sin el esfuerzo que tradicionalmente se asocia a las dietas.

Su auge no se explica solo por la eficacia del fármaco, coincide con varios factores: la normalización del discurso médico, la presión estética constante, el cansancio acumulado tras años de dietas fallidas y una cultura que busca soluciones rápidas al malestar. 

El riesgo de recetar sin evaluar la relación con la comida

El peso se ha convertido en un marcador central de salud, incluso cuando no siempre lo es. En consulta me encuentro que, incluso personas que acuden a cualquier tipo de especialidad médica (atención primaria, ginecología, endocrinología…) por otros motivos, acaban saliendo con una receta de Ozempic. 

Como psicóloga, me preocupa cuando Ozempic se prescribe sin una valoración amplia del perfil de la persona. Especialmente cuando existen indicios de un posible Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), una relación conflictiva con la comida o una historia marcada por el control corporal. 

Ozempic puede reforzar dinámicas ya presentes: el miedo a comer, la desconexión corporal, la rigidez, la dependencia de normas externas y la idea de que el cuerpo necesita ser controlado.

Impacto psicológico

Más allá del debate médico, hay algo que merece atención: qué ocurre a nivel psicológico cuando el adelgazamiento llega por esta vía.

SATISFACCIÓN TEMPORAL

Bajar de peso suele traer alivio inmediato: notamos cambios en nuestro cuerpo o ropa y el entorno refuerza. Durante un tiempo, parece que todo está en orden. Sin embargo, muchas personas descubren que la tranquilidad prometida no llega o dura poco. La autoexigencia, las comparaciones constantes y la inseguridad corporal siguen activas. El problema no era solo el peso.

DESCONEXIÓN CORPORAL

Muchas personas describen algo parecido: dejan de sentir hambre, pero también dejan de sentir placer. Comer se vuelve neutro, mecánico. El cuerpo deja de ser una fuente de información emocional para convertirse en algo que se regula desde fuera. Cuando no escuchamos el cuerpo, se vuelve más difícil identificar cansancio, ansiedad, tristeza o necesidad de cuidado. Todo queda silenciado, no resuelto.

DESPLAZAMIENTO DEL CONTROL

Antes, la lucha estaba en la comida o en el cuerpo. Con Ozempic, el control se traslada a la medicación. La sensación de calma depende ahora de no fallar una dosis, de no dejar el tratamiento, de no perder lo conseguido. Esto puede aumentar el miedo a engordar y reforzar la idea de “sin esto, no puedo”. La confianza en uno mismo se debilita en lugar de fortalecerse.

HÁBITOS NO CONSTRUIDOS

Ozempic no enseña a crear hábitos sostenibles. No trabaja la relación con la comida, el movimiento, el descanso o el autocuidado. Tampoco aborda la gestión emocional cuando la comida ha sido una vía de alivio, regulación o compañía. Sin ese aprendizaje, el cambio depende de algo externo y resulta inestable a largo plazo.

El riesgo no está solo en el uso del fármaco (y sus posibles efectos secundarios), sino en que se convierta en la única respuesta ofrecida a un malestar que es mucho más amplio y que necesita un enfoque integrador para no quedarse en el síntoma. Porque no todas las personas que quieren adelgazar necesitan comer menos. Algunas necesitan comprensión, acompañamiento y un espacio donde el cuerpo deje de ser el campo de batalla.

Medicar puede ser una opción en algunos casos, pero no sustituye el trabajo interno. No repara heridas, no construye autoestima ni enseña a habitar el cuerpo con menos exigencia. Eso requiere tiempo, acompañamiento y, a veces, un espacio terapéutico donde mirar la historia completa, no solo el síntoma.

Escrito por Patricia Jurado

Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.

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