Destinamos un tercio de nuestra vida a dormir y aún así tenemos muchas lagunas y mitos alrededor del descanso. A continuación exploramos la importancia de dormir y qué tan eficaz es compensar las horas de sueño.
Ya sea por una mala noche, una fiesta que se alarga o por sumar horas de estudio antes de un examen importante, todos alguna vez hemos podido decir: “mañana duermo un poco más“. Es muy común pensar que simplemente durmiendo más al día siguiente, añadiendo unas horas extra, vamos a recuperar el tiempo de sueño perdido. En cambio, la realidad es muy diferente: el sueño no se recupera ni se acumula, cuenta día a día. Sobrevaloramos la capacidad que tenemos de hacerlo e infravaloramos los daños ocasionados.
Muestra de ello es el estudio dirigido por Kenneth Wright de la Universidad de Colorado, que reveló que el compensar durante el fin de semana las horas insuficientes de sueño durante la semana propiciaba a comer más entre horas y presentar un mayor riesgo de desarrollar diabetes. Así, no solo la idea de recuperar el sueño no parece una estrategia eficaz sino que puede producir cambios en el metabolismo que aumentan el riesgo a la obesidad y diabetes.
Efectos de no dormir
La calidad y la cantidad del sueño son esenciales para una buena función física y cognitiva. Es simple: necesitamos dormir para vivir. En términos generales, una persona adulta necesita un patrón regular de sueño de entre 7 y 9 horas diarias, no obstante, la cantidad de sueño varía en cada persona de acuerdo a factores como la edad o el estilo de vida.
Existe evidencia que la falta de sueño tiene efectos perjudiciales en nuestro funcionamiento diario, tanto a corto como largo plazo. Algunos de ellos son:
A CORTO PLAZO
- Fatiga: sensación de cansancio y agotamiento.
- Dificultad para concentrarse: disminuye la atención y la concentración.
- Cambios en el estado de ánimo, aumento de la irritabilidad, ansiedad y/o menor tolerancia al estrés.
- Disminución del rendimiento cognitivo: dificultad para procesar información y tomar decisiones de manera eficaz.
- Problemas en la memoria: deterioro temporal en la capacidad para recordar información.
- Aumento de la somnolencia diurna: mayor tendencia a quedarse dormido durante el día.
- Afectación del desempeño académico y laboral: la productividad puede disminuir dada la reducción de la concentración, la afectación en la toma de decisiones y la capacidad para realizar tareas complejas o creativas.
- Mayor riesgo de accidentes: la disminución de la alerta y la coordinación puede aumentar el riesgo de accidentes, tanto en el hogar como en el trabajo.
- Alteraciones en el apetito: dado los cambios en los niveles de hormonas que regulan el apetito, como la leptina y la grelina. Esto puede provocar un incremento en la ingesta alimentaria, favoreciendo consumir cantidades mayores y optar por alimentos menos saludables.
A LARGO PLAZO
- Disminución del rendimiento cognitivo: puede afectar la memoria, la concentración y la capacidad para tomar decisiones. Mayor probabilidad de padecer Alzheimer.
- Problemas de salud mental: hay un mayor riesgo de padecer trastornos como la ansiedad y la depresión.
- Impacto en la salud cardiovascular: se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluyendo hipertensión y enfermedad cardíaca.
- Alteraciones hormonales: afectando la regulación del apetito, el metabolismo y el estrés.
- Debilita la respuesta del sistema inmunológico y aumenta la probabilidad a enfermar.
- Envejecimiento prematuro: puede acelerar el proceso de envejecimiento.
- Mayor riesgo de obesidad: asociado a los cambios en los patrones alimentarios.
- Deterioro del rendimiento físico: puede afectar la coordinación, la resistencia y la capacidad para realizar actividades físicas de manera óptima.
- Dificultades en las relaciones sociales: la irritabilidad y cambios en el estado de ánimo asociados con la falta de sueño pueden afectar negativamente las relaciones personales.
¿Cuánto tiempo puede pasar una persona sin dormir?
Como hemos visto, la falta de sueño prolongada puede llevar a problemas de salud más graves, tanto de salud mental como disfunciones inmunológicas y enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿qué pasa si ignoramos estos efectos perjudiciales y continuamos despiertos durante días?
Para ello contamos con la referencia del caso de Randy Gardner. Todo surge en 1964, año en el que dos amigos idean averiguar cuánto tiempo puede pasar una persona sin dormir con motivo de un trabajo escolar de ciencias. Una moneda al azar escoge a Gardner para exponerse a la privación del sueño y, finalmente, acaba resultando un experimento histórico sobre los efectos de no dormir supervisado por sus amigos, un investigador del sueño de la Universidad de Stanford y otro médico perteneciente a la Marina de los Estados Unidos.
Gardner logró un récord al permanecer despierto durante 264 horas. Un total de 11 días y 25 minutos consecutivos privado de sueño, sin uso de estimulantes. A medida que el experimento progresaba, los científicos observaron una disminución significativa en su capacidad para concentrarse, junto con episodios de irritabilidad y alteraciones en el patrón de pensamiento. Incluyendo alucinaciones a partir del quinto día. Posteriormente, durmió 14 horas seguidas y se recuperó gradualmente, pero el estudio dejó claro que incluso un joven sano como él no estaba exento de consecuencias significativas después de una prolongada falta de sueño.
Actualmente está prohibido realizar este tipo de investigaciones dado los peligros que conllevan para la salud, incluso la muerte. En 1989, investigadores de la Universidad de Chicago, arrojaron datos sorprendentes al experimentar con ratas privadas de sueño hasta el agotamiento extremo, produciéndose la muerte.
Aunque no podamos deshacer el impacto de la falta de sueño compensando con horas extra los fines de semana, sí podemos abordar estrategias y pautas de higiene de sueño para favorecer una mayor calidad en el descanso. Comprender los límites del cuerpo humano y la necesidad vital de un sueño adecuado y reparador, resulta fundamental para mantener la salud y el bienestar a largo plazo.
Si estás experimentando insomnio o dificultades para dormir, es fundamental pedir ayuda profesional para recibir la orientación y el apoyo adecuados para abordar esta situación.

Escrito por Patricia Jurado
Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.
