Existen muchos mitos entorno al hambre emocional que influyen en la relación que tenemos con la alimentación. Sigue leyendo para desmitificar algunos y aprender a diferenciarlo del hambre real.
¿Alguna vez has asaltado el armario de la cocina una tarde de sábado sin plan? ¿O has recurrido a la comida en momentos de tristeza? Esto es lo que denominamos hambre emocional, una forma de regular nuestro estado de ánimo a través de la comida. Desde pequeños asociamos determinados sabores y alimentos a sensación de placer, calma y bienestar, de modo que su ingesta es una forma de buscar sentirnos mejor.
En cambio, es necesario diferenciarlo del hambre real, entendido como la necesidad de ingerir nutrientes para obtener la energía suficiente para poder funcionar y sobrevivir. Se puede tener hambre emocional sin tener hambre real; también comemos cuando estamos contentos, estresados, enfadados, tristes, aburridos…
Algunas pistas para detectar si es hambre emocional son:
- Aparece abruptamente.
- Deseas determinados alimentos: no te sirve cualquiera. Habitualmente pueden ser ricos en azúcares.
- Sensación de no saciedad, por mucho que comas no pasa el "hambre".
- Después de comer sientes culpabilidad o vergüenza.
6 creencias erróneas del hambre emocional
Aún existen muchas ideas erróneas sobre el hambre emocional. A continuación, revisamos 6 mitos o creencias comunes del hambre emocional:
1
LA RELACIÓN EMOCIÓN-COMIDA ES NEGATIVA
Falso. TODOS comemos emocionalmente, desde bebés. El problema está cuando no se realiza una adecuada gestión emocional y utilizamos los alimentos como único recurso para calmarnos o evadirnos y afrontar así nuestras emociones.
2
SÓLO SE DA CON ALIMENTOS SALUDABLES
Falso. Si bien los estudios muestran que preferiblemente se recurren a alimentos altos en grasas, sal o azúcares dado que tienen un efecto placentero y reforzante en el cerebro, también se puede dar con el consumo de comida saludable.
3
ESTÁ DETERMINADO POR EMOCIONALES DESAGRADABLES O POPULARMENTE DENOMINADAS «NEGATIVAS»
Incorrecto. Puede recurrirse a la comida en un momento de estrés, de nervios o de tristeza pero también en situaciones de felicidad y alegría, para celebrar, compartir, disfrutar festividades… ¿Cuántas veces has celebrado un logro con una comida familiar o entre amigos?
4
CONSISTE EN UN AUMENTO DEL CONSUMO DE ALIMENTOS
Falso. En la relación emociones – comida se puede producir tanto un incremento como una reducción del apetito y consecuente reducción de la ingesta. Seguro que alguna vez has experimentado la sensación de tener el estómago cerrado al estar nervioso o inquieto por algo.
5
SIEMPRE OCURRE EN SOBREPESO U OBESIDAD
Incorrecto. Se da en personas con peso normal, con sobrepeso u obesidad. Puede influir pero hay muchos otros factores determinantes.
6
SE DA SÓLO EN ADULTOS
Falso. Conviene evitar usar la comida como premios, amenazas o castigos con los niños.
La verdad es que todos comemos emocionalmente, es algo normal e inevitable. El problema está cuando sólo contamos con la comida como única herramienta para gestionar nuestras emociones, pudiendo desarrollar conductas alimentarias de riesgo.
El hambre emocional no desaparece comiendo, al contrario, a veces provoca comer compulsivamente al no conectar con la sensación de saciedad. Tampoco con la restricción de comida, puede derivar en mayor descontrol. Para empezar a gestionarlo, es importante que identifiques cuáles son los detonantes que activan tu hambre emocional para después incorporar otros recursos alternativos más saludables. No dudes en buscar ayuda psicológica de un profesional si lo valoras necesario.
Referencias bibliográficas:
- Herrero, G. y Andrades, C. (2019). Psiconutrición: aprende a tener una relación saludable con la comida. Arcopress: Córdoba.

Escrito por Patricia Jurado
Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.
