¿Cuándo aprendí a odiar mi cuerpo?

¿Te da vergüenza mostrarte en bañador? ¿Evitas mirarte en el espejo? ¿Te machacas a hacer ejercicio con el fin de hacerte sentir mejor con tu cuerpo? Sigue leyendo para averiguar cómo hemos llegado a vincular nuestra valía con nuestro aspecto físico.

Piensa en todas las emociones negativas que aparecen cuando te miras en el espejo. ¿En qué momento empezó? ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de vergüenza sobre tu cuerpo? ¿En qué momento empezaste a asociar que tu valía y tu autoestima dependen de la forma de tu cuerpo?

Probablemente empezó muy pronto, casi sin darte cuenta.  Desde la infancia vamos recibiendo mensajes sobre quiénes somos y quiénes deberíamos ser: “mira que bebé más regordete”, “eres muy alt@”, “has ganado peso”, “peínate que estás más guap@”, “nadie te va a querer con esa cara”. Otras veces no son juicios directos hacia nuestra persona, observamos como nuestros padres o referentes más cercanos hablan mal de su propio cuerpo, evitan mostrar ciertas partes o viven en una constante dinámica de dietas o cirugías para tratar de encajar en el patrón ideal. Por no hablar del bombardeo de los mensajes subliminales en anuncios publicitarios o redes sociales, presentando cánones poco realistas o haciéndote creer que determinado producto te hará sentir más atractiv@. Muchas “soluciones” actuales parten de un problema o necesidad previamente creada.

<<Odio la celulitis de mis piernas>>

¿Sabías que la celulitis antes era considerada algo normal? No fue hasta a partir de 1973 cuando empezó a ser tema de interés en la prensa francesa y, progresivamente, surgió la búsqueda de remedios para combatirla. Según indica Naomi Watt en su libro El libro de la belleza, pasó de ser considerado «carne femenina»  normal a entenderlo como algo negativo, hablando de «enfermedad». Surgía así un nuevo problema – necesidad avalado por las marcas comercializadoras de cremas u otros productos anticelulíticos.

Culturalmente, se han vinculado ciertos ideales de cuerpo y de belleza con atractivo, felicidad y éxito; mensajes que vamos interiorizando y que tienen un impacto en la evaluación que hacemos de nuestro físico. Si no cumplimos esos moldes, si no se sigue esa norma social y hay una discrepancia entre el yo real y el yo ideal, fácilmente caeremos en percepciones negativas relacionadas con vergüenza, fracaso y odio. Aprendemos que nuestro cuerpo resulta un vehículo para ser aceptados (o no) en el mundo.

¿Qué hay detrás de la imagen corporal?

Cuando nos miramos en el espejo estamos viendo más que una imagen visual. “Odio mi cuerpo” es la traducción a lo que se percibe, se piensa, se siente y actúa en relación al cuerpo o a alguna de sus partes. Predomina la preocupación, el rechazo y una visión negativa y distorsionada del físico que genera gran malestar e insatisfacción. Es una representación subjetiva, como comentábamos, muchas veces influida por los estigmas, exigencias, presión social e historia de vida de cada persona.

La buena noticia es que no es necesario tener un cuerpo “perfecto” o acorde a los cánones aceptados para tener una buena imagen corporal y sentirse bien con este.

COMPONENTES DE LA IMAGEN CORPORAL

IMAGEN CORPORAL

PERCEPTIVO: cómo percibes o visualizas tu cuerpo.

AFECTIVO: las emociones, cómo te sientes.

COGNITIVO: los pensamientos, creencias y valoraciones del cuerpo.

COMPORTAMIENTO: acciones (evitaciones, rutinas, vigilancia…).

Una imagen corporal positiva consiste en apreciar y aceptar nuestro cuerpo tal y como es, entendiendo que nuestro valor e identidad no depende exclusivamente del físico. Esta no es estática ni permanente, varía a lo largo de la vida y precisamente en terapia podemos trabajar todos sus componentes, en especial aquellas creencias y pensamientos disfuncionales que están intercediendo en dicha evaluación negativa corporal.

No es necesario cambiar de cuerpo para tener una buena autoestima e imagen corporal.

Sentirte mal con tu físico puede ser también síntoma de un trastorno de la conducta alimentaria, una depresión o un trastorno dismórfico corporal. Si tienes dudas o sientes que necesitas ayuda para gestionarlo, consulta siempre a un profesional.

Escrito por Patricia Jurado

Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.

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