¿Alguna vez has lanzado una moneda al aire al dudar sobre qué decisión tomar? Decidir a veces puede parecer un laberinto sin salida. A continuación profundizamos en las razones que dificultan la toma de decisiones.
A diario nos tenemos que enfrentar a situaciones en las que tenemos que elegir entre diferentes opciones. Algunas son intrascendentales como decidir qué ropa ponerse (“¿me pongo las camiseta blanca o la azul?”) pero otras pueden tener un gran impacto en nuestras vidas.
Decidir implica elegir una opción y descartar otras posibilidades. Toda ganancia tiene un coste o, dicho de otra forma, al decidir ganamos y perdemos algo. Ahí radica muchas veces la complejidad de los procesos de toma de decisión: no queremos renunciar a nada. A veces tratamos de resistirnos pero es necesario aceptar que cualquier decisión tiene consecuencias.
Una de las estrategias habituales que utilizamos es comparar las alternativas y tratar de evaluar cuál es mejor. Sin embargo, como indica la filósofa Ruth Chang experta en la investigación de estos procesos y cuya charla TED os recomiendo, no siempre hay una mejor opción. Buen ejemplo de ello es la siguiente paradoja:
Paradoja del asno de Buridán
“Un campesino daba de comer a su asno todos los días, le colocaba enfrente dos montones de comida, y en cada uno ponía diferente cantidad de comida. Mientras eran montones distintos, el asno tenía clara la preferencia, el más grande. Pero el día que su dueño decidió hacerlos exactamente iguales, el burro no supo decidir, y de tanto elucubrar cuál era mejor que otro, se murió de inanición.”
Si encontramos dos opciones “mejores”, cómo sucede en la paradoja, podemos caer en el bucle de la indecisión. En este punto hablamos de decisiones difíciles, donde es necesario ir más allá de medidas cuantitativas y recurrir a los valores personales: qué me gusta y qué no, qué me hace sentir bien y qué no, cuáles son mis intereses… Esto nos permite conectar con nuestras propias razones y no sólo con aquellos criterios estándars y externas (dinero, tiempo, distancia…).
Causas que interfieren en la toma de decisiones
CONSTANTE BÚSQUEDA
Cuando se tiene la creencia que existe una posibilidad – solución no contemplada aún y se espera a encontrarla. ¿Lo he intentado todo? Puede potenciar la culpa y el sobreanálisis.
PENSAMIENTO MÁGICO
Pensar que algo inesperado sucederá y cambiará todo.
PARÁLISIS POR ANÁLISIS
El exceso de reflexión y análisis de posibles opciones y soluciones, habitualmente alimentado por el perfeccionismo de dar con la mejor, puede bloquear e inmovilizar la acción de la toma de decisión.
COSTE 0
Consiste en creer que debe existir una opción que no tenga ningún coste. En cambio, toda elección implica la renuncia o pérdida de algo en mayor o menor grado.
TERCERO
Se espera que sea otra persona quien tome la decisión (pareja, familia, profesional u otra persona con influencia). Puede estar ligado al miedo a asumir la responsabilidad de las posibles consecuencias.
PROCRASTINACIÓN
Ir posponiendo el momento de la toma de decisión a pesar de las consecuencias negativas de retrasarlo.
No decidir también es una decisión

Escrito por Patricia Jurado
Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.
