Las expectativas sobre el deseo sexual a menudo están teñidas de mitos y estigmas que pueden generar confusión e insatisfacción. A continuación, aclaramos algunos de los conceptos básicos para desarrollar una visión más saludable y realista sobre la sexualidad.
A priori, todos creemos saber qué es el deseo sexual, el impulso natural hacia el contacto sexual, ya sea con otra persona o a solas. Sin embargo, cuando profundizamos, es frecuente encontrar muchas ideas erróneas y limitantes. ¿Es posible que lo que nos han enseñado sobre la sexualidad no esté alineado con la realidad? La sociedad nos bombardea con mensajes sobre cómo debería ser nuestra sexualidad, sugiriendo que hay un ideal que debemos seguir. Pero, ¿realmente existe un estándar universal para el deseo sexual?
Pero antes, no podemos confundir deseo con excitación. Si cuando hablamos del primero nos referimos al impulso, la excitación se refiere a la respuesta fisiológica que se produce como respuesta al deseo. Pero a diferencia de lo que podemos pensar, no siempre se produce un camino lineal de deseo a excitación. Puede haber deseo sin llegar a excitación, del mismo modo que puede haber una respuesta de excitación por estimulación, sin sentir deseo. Comprenderlo en toda su diversidad es clave para aceptar nuestra propia sexualidad sin juicios ni comparaciones.
¿Cuál es el nivel adecuado de deseo sexual?
Solemos hablar de bajo deseo sexual como si fuera un problema, cuando en lugar de compararnos con los demás o con estándares idealizados, debemos centrarnos en entender cuáles son nuestras necesidades al margen de la presión social. No hay nada de malo en cómo experimentas tu propio deseo sexual, te han engañado: no hay niveles buenos o malos de deseo sexual. Lo que puede ser considerado adecuado para una persona, puede ser bajo o alto para otra. En realidad no existe ningún nivel o punto de corte que sitúe una “normalidad”; la sexualidad es una experiencia individual y varía en cada persona. Por tanto, compararse con los demás o con las expectativas sociales sólo nos presiona y nos desconecta de nuestras propias necesidades individuales.
Algunas personas pueden experimentar altos niveles de deseo sexual de manera constante, mientras que otras pueden sentirlo de manera intermitente o tener un deseo sexual más “bajo”, y todo esto es perfectamente normal. También puede estar influenciado por una variedad de factores, como el estrés, la salud física y emocional, las experiencias pasadas y las dinámicas de la relación. Más concretamente:
- Estrés, ansiedad, depresión y otros estados emocionales.
- Cambios vitales.
- Experiencias previas, miedos, creencias disfuncionales…
- Problemas en la pareja.
- Cansancio o problemas de sueño.
- Malos hábitos (alimentación, alcohol...).
- Alteraciones hormonales
- Ciertas enfermedades y/o tratamientos farmacológicos
A priori, todos creemos saber qué es el deseo sexual, el impulso natural hacia el contacto sexual, ya sea con otra persona o a solas. Sin embargo, cuando profundizamos, es frecuente encontrar muchas ideas erróneas y limitantes. ¿Es posible que lo que nos han enseñado sobre la sexualidad no esté alineado con la realidad? La sociedad nos bombardea con mensajes sobre cómo debería ser nuestra sexualidad, sugiriendo que hay un ideal que debemos seguir. Pero, ¿realmente existe un estándar universal para el deseo sexual?
Pero antes, no podemos confundir deseo con excitación. Si cuando hablamos del primero nos referimos al impulso, la excitación se refiere a la respuesta fisiológica que se produce como respuesta al deseo. Pero a diferencia de lo que podemos pensar, no siempre se produce un camino lineal de deseo a excitación. Puede haber deseo sin llegar a excitación, del mismo modo que puede haber una respuesta de excitación por estimulación, sin sentir deseo. Comprenderlo en toda su diversidad es clave para aceptar nuestra propia sexualidad sin juicios ni comparaciones.
Un ejercicio que puede ayudar a observar la fluctuación del deseo sexual es llevar un diario o registro. Asimismo, al valorar los factores que parecen aumentar o disminuir el deseo sexual (físicos, emocionales, relacionales, externos…) puede ayudarte a encontrar patrones y mejorar la comprensión sobre tu sexualidad. Por ejemplo, puede que descubras que el estrés disminuye tu deseo, mientras que el ejercicio regular lo aumenta.
Tipos de deseo
Otro de los errores más habituales es creer que el deseo sexual es algo estable y/o espontáneo, que aparece sin más. Y, como hemos visto, no solo puede fluctuar en el tiempo sino que es importante reconocer que hay dos tipos de deseo en función de su origen:
DESEO ACTIVO
Aparece de forma espontánea, sin estímulo previo.
DESEO REACTIVO
Aparece en respuesta a estímulos sexuales (caricias, besos…).
¿Cuándo se considera un problema?
El deseo sexual, en cualquiera de sus formas —bajo, medio, alto, espontáneo o reactivo— se convierte en un problema únicamente cuando causa malestar significativo a la persona o genera tensión en la pareja. Por ejemplo, cuando los niveles de deseo sexual de una pareja no coinciden, cuando se empieza a evadir cualquier situación sexual por ansiedad o miedo a la decepción del otro o cuando el nivel de deseo es tan alto que resulta difícil de controlar y lleva a comportamientos inadecuados o de riesgo. En definitiva, cuando genera sentimientos de frustración, rechazo, descontrol, culpa o inseguridad y/o afecta negativamente a la la comunicación y la intimidad de la relación. En esos casos puede ser beneficioso buscar ayuda profesional para abordar el problema.
No hay una frecuencia o deseo «normal», lo importante es encontrar un equilibrio que sea satisfactorio y saludable para cada persona o pareja. Por supuesto, siempre desde el consentimiento.

Escrito por Patricia Jurado
Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.
