¿Te sientes incómod@ con tu cuerpo en verano?

Un cambio de estación puede remover inseguridades aprendidas. No es tu cuerpo el que debe cambiar, sino la forma en que aprendimos a mirarlo.

Con la llegada del verano, cambian muchas cosas: sube la temperatura, se alargan los días, aparecen más planes al aire libre… y también cambia nuestra ropa. Guardamos los abrigos y sacamos prendas más ligeras, más cortas, más ajustadas. Es un momento que para muchas personas puede generar libertad y bienestar, pero para otras, también puede activar inseguridades que durante el resto del año parecían más dormidas.

El verano amplifica la autocrítica

El cuerpo se hace más visible. Y con esa exposición, muchas veces también se intensifica la mirada crítica sobre él. El foco, que podría estar en el disfrute del momento, se desplaza hacia el control del aspecto. El verano no crea la inseguridad, pero sí puede amplificarla a través de la autocrítica.

¿Por qué ocurre esto? Porque con la ropa más ligera no solo se muestra más piel, también se reactivan viejos mensajes aprendidos. Frases que escuchamos cuando éramos pequeños, comentarios aparentemente inocentes, miradas incómodas… todo eso fue moldeando una forma de ver el cuerpo como algo que debía cumplir con ciertas expectativas para ser “apto” para mostrarse.

Comentarios como:

Estos mensajes, repetidos o escuchados en momentos vulnerables, se almacenan. Y aunque pasen los años, siguen ahí, como una voz de fondo que se reactiva cada vez que nos enfrentamos a un espejo o antes de salir de casa. Nos educaron para pensar que solo ciertos cuerpos merecen mostrarse y que otros «deberían» ocultarse. Que el valor está en ajustarse a un ideal. Pero esos moldes no son verdades absolutas: son construcciones culturales que cambian con el tiempo, con el lugar y con la moda.

El cuerpo no es el problema

Tomar conciencia de estos mensajes es el primer paso para empezar a desmontarlos. No nacimos odiando nuestro cuerpo: aprendimos a hacerlo. Por eso, cuando sentimos malestar con nuestra imagen corporal, es habitual creer que la solución está en modificarla: adelgazar, tonificar, disimular o esconder lo que no encaja en los estándares aprendidos.

Este malestar puede venir acompañado de una autocrítica constante, pero también de otras emociones y conductas: vergüenza al mostrar el cuerpo, comparación con cómo te veías antes, con otras personas o con los modelos inalcanzables que vemos en redes. Aparece la hipervigilancia: ¿me queda bien esto?, ¿se me nota demasiado?, ¿qué pensarán los demás?

Estas reacciones son humanas y comprensibles. Has aprendido a protegerte así. Pero aunque sean comprensibles, también son injustas, dolorosas y poco útiles. Porque tu valor no depende de cómo se ve tu cuerpo, sino de todo lo que eres. Mereces cuidado, respeto y disfrute tal como estás hoy.

¿Qué podemos hacer para alejarnos de esas creencias aprendidas?

Aquí van algunas pautas que ayudan a cambiar esa mirada:

CUESTIONA EL ORIGEN DE TUS PENSAMIENTOS

A menudo damos por sentados ciertos pensamientos como si fueran verdades absolutas. Comprender que muchas veces nuestras inseguridades no nacen de una verdad interna, sino de creencias heredadas ¿De dónde viene esa voz que te dice que no puedes ponerte ese bikini? ¿A quién le pertenece realmente esa exigencia?. ¿Realmente creo esto o lo aprendí a fuerza de repetirlo?

CULTIVA UNA MIRADA MÁS AMABLE

Habla contigo como hablarías con una amiga. No te castigues por tener un cuerpo real. No necesitas amar cada parte de tu cuerpo, pero sí puedes aprender a tratarte con respeto.

CUIDA TU ENTORNO

Rodeate de personas y contenidos (especialmente en redes sociales) que no refuercen la obsesión con el cuerpo perfecto. Alejarte de lo que te hace daño es una forma de autocuidado.


EXPERIMENTA TU CUERPO

Conecta con tus sensaciones interoceptivas: el latido de tu corazón después de correr, la piel que se eriza con el viento, el placer de moverte, la calma al respirar profundo. Tu cuerpo no está hecho para ser evaluado desde afuera, sino para ser vivido desde adentro.

ELIGE VESTIR LO QUE TE HAGA SENTIR BIEN

No lo que te haga desaparecer. Decide qué ponerte, que sea por comodidad o gusto, no por ocultarte.


SOLTAR LAS OPINIONES DE LOS DEMÁS

No puedes controlar lo que los demás piensen, pero sí puedes elegir no hacer de esas opiniones una verdad absoluta. Ese juicio, si lo hay, no tiene nada que ver contigo, sino con las creencias, inseguridades o expectativas de quienes miran. 

No necesitas encajar en ningún molde o cambiar el cuerpo para disfrutar del sol, del agua o de los planes al aire libre. Se trata de cambiar el vínculo con él para poder vivirlo con libertad. El bienestar no se alcanza a través del juicio, sino del permiso: el permiso para habitar tu cuerpo con dignidad, sin tener que ganártelo ni esconderlo.

Si al leer esto sentiste que algo de lo que vives se reflejaba aquí, no estás sol@. A veces, cambiar la forma en la que nos miramos requiere más que voluntad: necesita acompañamiento. Si sientes te ayudaría tener una guía,  puede ser un buen momento para empezar un proceso terapéutico. Puedes escribirme, estoy al otro lado.

Escrito por Patricia Jurado

Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.

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