¿Por qué algunas personas sienten menos dolor que otras?

Todos sabemos qué es el dolor, sin embargo, cada persona lo experimenta de una forma diferente. ¿Qué lo hace distinto? ¿Qué mecanismos intervienen? En el artículo resumimos los puntos claves.

Podríamos pensar que dos personas con una idéntica lesión física perciben el mismo dolor, si entendemos que hay una relación directa y proporcional entre el daño y su intensidad. En cambio, desde la Psicología del Dolor conocemos que se trata de una experiencia multifactorial, esté asociada a un daño real o potencial.

El dolor es una sensación que surge de los receptores nerviosos situados en todo el cuerpo, los cuales envían una señal al cerebro para que sea interpretada por éste. De esta forma, antes de experimentar la sensación, el cerebro combina información de la mente (pensamientos, emociones, recuerdos…) con la del cuerpo. En otras palabras, el umbral o la tolerancia al dolor es variable ya que la interacción de tales aspectos da lugar a una percepción subjetiva e individual para cada persona.

Los principales componentes del dolor son tres:

COMPONENTE SENSORIAL-DISCRIMINATIVO

Atiende a todos los aspectos sensoriales relacionados con su localización, cualidad e intensidad. Este componente es el mismo para todas las personas, los factores objetivos del dolor.

 

COMPONENTE COGNITIVO-EVALUATIVO

Se centra en la interpretación del dolor en base a lo que siente la persona y lo que puede ocurrir.

 

COMPONENTE AFECTIVO-EMOCIONAL

La respuesta puede variar en función de aspectos como el recuerdo de experiencias dolorosas, la personalidad de la persona o factores socio-culturales.

 

Dolor y emociones

El dolor suele relacionarse con la tristeza. Si además se cronifica en el tiempo, lo habitual es que tenga un impacto en el desempeño normal de los quehaceres del día a día de la persona y puede hacer que aumente el sufrimiento, acompañándose de temor, desesperanza, angustia o incluso ansiedad o depresión.

Se ha observado que el optimismo, el humor y las emociones agradables permiten amortiguar los efectos del dolor, posibilitando romper el bucle de dolor y tristeza. Cuando nos sentimos alegres nuestro cerebro segrega unas sustancias que inciden en la intensidad en la que percibimos el dolor y reducen las preocupaciones relacionadas, por eso es tan importante reforzarlas para lograr mayor bienestar.

Dolor y pensamientos

Otro amplificador del dolor son los pensamientos:  ¿Por qué duele tanto?, ¿y si no se pasa nunca este dolor?, ¿empeorará? Estas preguntas sin respuesta sólo generan más ansiedad y suponen la antesala a un círculo vicioso con temores cada vez peores: “¿y si tengo una enfermedad terminal?, “quizá es una enfermedad grave y no quieren decírmelo…”.  

Así, cada vez estamos más atrapados. Ya sea por recuerdos pasados de experiencias similares de dolor, por el agotamiento,  por los pensamientos catastróficos y/o por la preocupación sobre el futuro. Sea como sea, esto nos conduce a mayor sufrimiento y, en consecuencia, mayor dolor.

volumen dolor

¿Cómo gestionarlo?

Cuando entendemos los mecanismos que determinan la percepción de dolor podemos empezar a gestionarlo de forma diferente. Resistirnos al dolor sólo lo empeora y, si no hay lucha, favorecemos la calma.

Algunas de los aspectos que se trabajan en psicoterapia son:

Referencias bibliográficas:

  • Rodríguez-Marín, J., Couceiro, S. y van der Hofstadt, C. (2021). Intervención psicológica grupal en dolor crónico. Pirámide.
  • Burch, V. y Penman, D. (2017). Tú no eres tu dolor. Mindfulness para aliviar el dolor, reducir el estrés y recuperar el bienestar. Kairós.

Escrito por Patricia Jurado

Psicóloga General Sanitaria (colegiado nº 28007) especializada en ansiedad, gestión emocional, psiconutrición, autoestima y relaciones.

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